MERITXELL SANTOS

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/EMERGENTE

En 2004 vivía en el Poblenou, un barrio caracterizado históricamente por su industria. En aquellos años, yo estaba empezando con la fotografía y aún se disparaba en analógico. Atraída por los espacios amplios, las fábricas y el gris de sus paredes, empecé a hacer incursiones fotográficas por sus calles. Me encantaba perderme y descubrir lugares todavía intactos de una arquitectura antigua -comparada con la de ahora- y especialmente bonita. Estas incursiones derivaron en un proyecto mayor, a medida que iba recopilando espacios que en poco tiempo comenzaban a ser derribados. Los escombros eran un paisaje habitual del barrio y entrar dentro de aquellas fábricas abandonadas era toda una aventura; parecía un entorno de posguerra.

De manera objetiva, viví las manifestaciones de los vecinos indignados por el plan del 22 @, el cual estaba dotando el Poblenou de nuevos equipamientos, modernizando la zona. El vecindario, sin embargo, no sentía que todo fuera en beneficio propio, sino una manera de atraer turismo, de hacer una Barcelona de alto nivel, cada vez menos accesible para ellos, por lo que pedían un plan de vivienda que los favoreciera sin perder la identidad propia y evitar el derribo de las fábricas.

Afortunadamente, muchas de estas se renovaron como espacios sociales, vitales para la vida del barrio. Fueron varios años documentando esta parte y, hacia el final, sentí que al proyecto le faltaba humanidad. Es por eso que empecé a retratar personas mayores de 74 años, que hubieran vivido casi toda la vida en el Poblenou. Me interesaba saber cómo era el barrio industrial, como se vivía antes. Al principio me costó un poco encontrar testigos, pero gracias a la ayuda de Miguelín (jubilado del centro de día, Poble Nou de corazón y vida) pude fotografiar cerca de 60 personas las que, entusiasmadas con el proyecto, me brindar otra visión de sus calles. Trabajadores de las fábricas, algún poeta, un escritor … gente común del Poblenou que me contaban su día y día y el amor que sentían hacia su barrio. Con el tiempo entendí que ese amor era el anhelo de la juventud y de una vida vivida. Esta podría haber sido, en realidad, la vida de cualquier otro barrio de Barcelona, o de cualquier otra ciudad europea.

Actualmente, el Poblenou es uno de los lugares más modernos de Barcelona, pero aún podemos encontrar negocios de toda la vida. Son estos los que le dan el atractivo y el calor en el barrio y que nos recuerdan que el Poblenou tiene identidad propia; porque, como dice mi amigo Miguelín, “lo que importa son las personas y no las piedras”.